Caballo chileno – 3


En 1820 el caballo chileno se comenzó a perfilar con tres tipos definidos por sus usos:

  • el de lujo o de paseo, constituido por ejemplares de contextura gruesa y corpulenta,
  • el de paso o viajero, que era un caballo de pechos algo más angostos, cruz baja y muy andador, y el de marcha o trote, utilizado para faenas agrícolas y por el Ejército.

Registro genealógico

En 1893 un grupo de criadores, encabezado por Raimundo Valdés, preocupados por la introducción de maquinaria que reemplazaba al caballo y hacía disminuir su crianza en el país, pidió la apertura de un registro de raza pura. Es así como en ese año se inauguró oficialmente el registro del caballo chileno.

Esto convierte al Caballo chileno en la raza con registro más antiguo en Sudamérica, teniendo también el tercer registro más antiguo en todo el Hemisferio Occidental. Entre 1893 y 1900 se lograron inscribir un total de 262 productos.

Disminución y recuperación

Una vez consolidada esta raza fue ocupada principalmente para trabajos agrícolas y ganaderos; sin embargo, a finales del siglo XIX, hubo una disminución en el tamaño de las propiedades agrícolas. También la aparición de los ferrocarriles y automóviles substituyeron al caballo como un medio de transporte; y la introducción de razas equinas especializadas en funciones de tiro, carruaje o carreras, disminuyeron la importancia del caballo del país.

Sin embargo el rodeo chileno en esos tiempos crecía en popularidad y mejoraba su organización. El rodeo tenía como regla que sólo podían participar en ellos caballos de auténtica raza chilena, ya que sus características son las más aptas para la práctica de este deporte. Este hecho significó que la gente que practicaba este deporte criara exclusivamente caballos chilenos y se fue recuperando la raza hasta consolidarse como tal.

Realidad actual

Hasta el año 2002 esta raza de caballos era conocida sólo como “caballo chileno”; sin embargo, ese año se unió con las razas vaqueras de países vecinos a Chile, aunque los registros de caballos chilenos nunca llegaron a abrirse y el año 2011 se acordó por los criadores mantener cerrados dichos registros, ante lo cual la FICC cerró sus registros de criollos para nuevas incorporaciones de caballos chilenos, lo que es una paradoja, ya que los buenos resultados vistos actualmente en los criollos se deben a la mejora aportada por los caballos chilenos.