Caballos en América – Carretas y Diligencias


Las carretas (covered wagons), conocidas como schooners, eran los vehículos que se utilizaban habitualmente en las migraciones hacia el oeste. El vehículo era de consistencia ligera para no agotar a las bestias que tiraban de él. En su interior se llevaba lo esencial para el viaje. El equipaje típico de un pionero incluia harina, frijoles, tocino, café, fruta seca, azúcar y vinagre; además del vestuario, utensilios de cocina, herramientas de labranza, libros escolares, la Biblia, instrumentos musicales, medicinas y repuestos para el vehículo. En su interior viajaban únicamente los enfermos y los niños. Una caravana de carretas recorría unos 24 kilómetros diarios (15 millas), por diversos terrenos y parajes.

La diligencia, por su parte (especialmente la conocida como Concord Stagecoach), fue fabricada originalmente en 1827. Primero se empleó con provecho para el transporte de correo y después para el de personas. En 1857 John Butterfield sr. ganó un contrato para llevar correspondencia desde San Luis a San Francisco en 25 días. Entre las particularidades de este vehículo estaban los correajes de cuero por debajo de la estructura, a manera de suspensión, que le daba cierta comodidad. Antes de la llegada del ferrocarril, la diligencia era la forma más importante de transporte transcontinental.

Durante el viaje, el conductor hacía sonar una trompeta para avisar de su llegada en pasajes estrechos. Para el transporte de valores, la diligencia era custodiada por hombres armados con rifles o escopetas. Un dicho popular de la época decía que éstas «podían ser cargadas el domingo y ser disparadas toda la semana».

Durante el viaje, el conductor hacía sonar una trompeta para avisar de su llegada en pasajes estrechos.  Según un testimonio:

Sus largas notas (…) provocando ecos a través de las montañas, sonaban muy románticas.

Mark Twain escribió acerca del vehículo:

El Concord Stagecoach era como una cuna con ruedas

Con todo, el viaje distaba de ser cómodo. La comida en las estaciones era mala, el lodo y el polvo eran intolerables, y durante las noches los viajeros dormían en corrales o al aire libre. El final de las rutas de diligencias llegó entre 1890 y 1915 con la inauguración del servicio de autobuses.