Caballos en la Primera Guerra Mundial – Parte 3


Después de la guerra, los ejércitos de las potencias mundiales iniciaron un proceso de mecanización en serio y la mayor parte de los regimientos de caballería fue o bien convertido en unidades mecanizadas o bien disueltos. El historiador G.J. Meyer afirmó que «la Gran Guerra supuso el fin de la caballería». Desde la Edad Media hasta el siglo XX, la caballería había dominado los campos de batalla, pero ya desde la Guerra Civil estadounidense, su valor en la guerra fue disminuyendo a medida que la artillería se hacía más poderosa, reduciendo la efectividad de las cargas de choque.

El Frente Occidental en la Primera Guerra Mundial puso de manifiesto que la caballería era casi inútil contra las armas modernas y también confirmó que eran difícil de transportar y abastecer. Los oficiales de la caballería británica, mucho más que sus contrapartes europeas continentales, persistieron en el uso y el mantenimiento de la caballería, bajo la creencia de que las tropas montadas serían útiles para aprovechar los avances de la infantería y de que, bajo las circunstancias correctas, podría hacer frente a las ametralladoras. Ninguna de estas creencias resultó ser correcta.

Los militares utilizaron caballos principalmente para apoyo logístico durante la guerra; eran mejores que los vehículos mecanizados en el viaje a través del barro profundo y en terrenos irregulares. Los caballos fueron empleados para el reconocimiento y para transportar mensajeros, así como para arrastrar piezas de artillería, ambulancias y carros de suministro. La presencia de caballos, a menudo, aumentaba la moral entre los soldados en el frente, pero los animales contribuían a diseminar enfermedades y al mal estado sanitario en los campos por causa del estiércol y los caballos muertos.

Imperio británico – Reino Unido

El Reino Unido había incrementado sus reservas de caballería después de ver las hazañas de los bóeresmontados durante la Segunda Guerra de los Bóeres (1899-1902). Unidades montadas fueron usadas desde los primeros días de la primera guerra mundial, el 22 de agosto de 1914 el primer disparo británico de la guerra en Francia fue disparado por un soldado de caballería, Edward Thomas de la 4th Royal Irish Dragoon Guards, cerca de Casteau, durante una patrulla en la preparación para la batalla de Mons.