Expansión del caballo en las tribus nativas de Estados Unidos


Expansión del caballo

A mediados del siglo XVII grupos de Dakota —conocidos después como Assiniboine en las Montañas Rocosas y Sioux en las llanuras— se escindieron de otras tribus en Minnesota y emigraron a las grandes llanuras, y empezaron a adoptar el caballo en la cacería del bisonte. Para 1760 todas las tribus de esta zona habían adquirido el caballo.

El comercio con los traficantes de pieles desde el este también favoreció la obtención del animal. Otras maneras de apropiación fueron por las guerras e incursiones bélicas en otros poblados.

Con los caballos (llamados usualmente por los amerindios ponles), los cazadores podían obtener el doble de lo que usualmente obtenían a pie. A medida que esto se fue popularizando algunas etnias abandonaron sus hábitos sedentarios y se volvieron nómadas.

La importancia de cazar el bisonte se debía a que proveía importantes insumos: carne, vestido hecho de su cuero, diversos utensilios hechos de los cuernos y huesos, y combustible del excremento reseco. Aunque es creído generalmente que los amerindios usaban rifles para la caza, estos eran usados raramente, pues era preferido el arco y flecha; hasta que llegó a sus manos el rifle recargable por detrás del cañón.

El caballo usado para esta actividad era llamado Buffalo Horse, el cual era resguardado por sus propietarios; arrebatar uno de éstos durante un conflicto investía de honor.

Aunque la llegada del caballo indujo cambios en el estilo de vida de las etnias, esta no cambió sustancialmente, pues las mismas actividades ancestrales eran realizadas, con la diferencia que en ese momento fueron simplificadas con el manejo del equino. Su propiedad era signo de prestigio y de poder dentro de una tribu, también facilitaba el número de mujeres alrededor del dueño. A la vez, algunas cantidades eran prestadas a otros pueblos vecinos para la caza del búfalo como signo de generosidad.

Con la irrupción de los habitantes desde el este invadiendo los territorios amerindios, estos quedaron en medio de diversos conflictos a lo largo y ancho del territorio perdiendo sus posesiones, entre ellas los caballos. A finales del siglo XIX muchos nativos fueron confinados en reservas. La relación entre los nativos y este animal se convirtió en parte del romanticismo del viejo oeste estadounidense por medio de pinturas, películas y libros.