Sorraia Lusitano – Historia de la raza


Esta raza desciende de un grupo antiguo y está directamente emparentada con el Tarpán. Posiblemente se originaron en la región occidental de la Península Ibérica. Se pueden examinar los sobrevivientes restantes de lo que alguna vez fue una extensa población en un área entre los ríos Sor y Raia, de los cuales toma su nombre esta raza.

Tradicionalmente, el sorraia había sido utilizado para el arreo, el arado, carga ligera con arnés y paseo. Eran caballos muy buenos para los ganaderos y pastores de la región.

Los sorraia pueden haber tenido influencia de otras razas contemporáneas ibéricas, tales como los caballos españoles: el caballo andaluz, el Alter Real, el caballo cartujano y el caballo lusitano. El único vínculo genético realmente comprobado, es el establecido con el caballo lusitano que tiene un genotipo, si no exactamente como el del sorraia contemporáneo, lo bastante cercano para afirmar que fue otro genotipo de sorraia cuanto este caballo primitivo se distribuía en gran número. Se asume que los conquistadores españoles llevaron a las Américas algunos ejemplares con orígenes en la raza sorraia, ya que se puede encontrar evidencia de su ADN mitocondrial en un par de grupos equinos del Oeste de Estados Unidos.

El hecho más notable en América es un intento de los criadores de revivir la raza Sorraia a través del Sorraia Mustang Studbook. Algunas pruebas genéticas se llevan a cabo para saber si existen genotipos del Sorraia en el Caballo chileno, que es la raza más pura y antigua en América.

En realidad, fue Ruy d’Andrade, criador del Alter Real y del caballo lusitano, quien redescubrió la raza en la década de 1920, en que encontró una manada de 30 ejemplares en el estado de Sesmaria. D’Andrade no pudo capturar ninguno de estos caballos salvajes, en los cuales observó abundantes signos de los típicos cuerpos y extremidades, sin embargo, reunió una colección de caballos entre los granjeros del área que tenían una apariencia notablemente similar. Los descendientes de estos caballos aún son mantenidos por la familia D’Andrade en Portugal, que poseen una pequeña manada silvestre.