Viejo Oeste – Carretas y diligencias


La diligencia, por su parte (especialmente la conocida como Concord Stagecoach), fue fabricada originalmente en 1827. Primero se empleó con provecho para el transporte de correo y después para el de personas.

En 1857 John Butterfield sr. ganó un contrato para llevar correspondencia desde San Luis a San Francisco en 25 días.

Entre las particularidades de este vehículo estaban los correajes de cuero por debajo de la estructura, a manera de suspensión, que le daba cierta comodidad.

Antes de la llegada del ferrocarril, la diligencia era la forma más importante de transporte transcontinental. Para el transporte de valores, la diligencia era custodiada por hombres armados con rifles o escopetas. Un dicho popular de la época decía que éstas «podían ser cargadas el domingo y ser disparadas toda la semana».

Durante el viaje, el conductor hacía sonar una trompeta para avisar de su llegada en pasajes estrechos. Según un testimonio:

Sus largas notas (…) provocando ecos a través de las montañas, sonaban muy románticas. Mark Twain escribió acerca del vehículo:

El Concord Stagecoach era como una cuna con ruedas. Con todo, el viaje distaba de ser cómodo. La comida en las estaciones era mala, el lodo y el polvo eran intolerables, y durante las noches los viajeros dormían en corrales o al aire libre. El final de las rutas de diligencias llegó entre 1890 y 1915 con la inauguración del servicio de autobuses.

Ciudades y pueblos

En este periodo, circunstancias tan diversas como aprovechar un recurso natural —minería—, o desarrollar un negocio rentable, hacían aparecer con cierta rapidez asentamientos humanos conocidos como boomtowns. Las ciudades ganaderas (cow towns o cattle towns), por ejemplo, eran el destino de las rutas para el despacho del hato hacia grandes ciudades, y sede también de actividades relacionadas con la ganadería.

En las líneas de ferrocarril surgían ciudades en cada estación. Hubo grandes metrópolis que albergaron florecientes industrias o importantes centros financieros. Todo este desarrollo conllevó la aparición de hospedajes, saloons, casas de juego y prostíbulos.

Muchos de estos asentamientos fueron abandonados al cesar su razón de ser. Las localidades mineras, además, causaron graves daños ecológicos al instalarse sistemas hidráulicos que devastaron los recursos naturales de la zona.