Viejo Oeste – Retrato de un Cowboy 


Retrata también su personalidad:

Se supone que (el cowboy) no sabe lo que significa el miedo y les aseguro que son pocos los que saben el significado de esa palabra.

Y también el orgullo de serlo:

Montado en mi caballo favorito, mi larga reata en la mano, mi pistola en mi cinturón y las grandes llanuras que se extiendian por millas y millas, de las que cada rincón me era familiar, sentía en ese momento que podía desafiar al mundo.

Chinos y japoneses

Se calcula que unos 300.000 chinos emigraron hacia los Estados Unidos entre 1854 y 1882, huyendo de la hambruna y la inestabilidad política. Una cantidad significativa de los forty niners eran de esta etnia. Para los primeros emigrantes asiáticos, California era la «tierra de la montaña dorada». Contribuyeron notablemente a la expansión del ferrocarril y al cultivo de frutas. En lugares como San Francisco formaron comunidades o Chinatowns y asociaciones de ayuda mutua.

La mayor parte de las lavanderías de esa época eran regentadas por chinos, debido a que los mineros —en su mayoría hombres— no lavaban su ropa y las mujeres —de quienes se esperaba que hicieran esta labor— eran escasas en el oeste. La población china estaba formada sobre todo por hombres porque las mujeres chinas tenían prohibida la entrada, probablemente para evitar el crecimiento de esta etnia. Como en todas las comunidades de presencia mayoritaria de hombres, hubo florecimiento de casas de juego y prostitución que dieron mala fama a las chinatowns.

Muchos problemas de la época, como el desempleo y caída de salarios, fueron achacados a los chinos. Esto provocó revueltas en Los Ángeles (1871) y San Francisco (1877), por lo que muchos de ellos optaron por refugiarse en las grandes Chinatowns. El conflicto llegó a tal punto que el congreso emitió un decreto de exclusión para los ciudadanos chinos (chinese exclusión act) en 1882. En dicho decreto se prohibía la entrada a todos los chinos, excepto a los profesores, estudiantes, mercaderes, turistas y oficiales. La emigración desde Asia continuó a comienzos del siglo XX, pero más de Japón. Alrededor de 1900, un 80.7% de todos los chinos y japoneses estaban asentados en el oeste.